Reformando el Estado en Paraguay por Andrew Nickson.
Martes, 04 de Marzo 2008 - ARTÍCULOS
Publicado por el Diario ABC Color, Suplemento Económico Edición del Domingo 30 de abril 2006
Reformando el Estado en Paraguay 1
Resumen periodístico del capítulo publicado en el libro Estado, Economía y Sociedad (2005).
Editado por el Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP) con el auspicio de International Development Research Center (IDRC) de Canadá.
Por Andrew Nickson2
El proceso de reforma del Estado iniciado en los ochenta, en varios países latinoamericanos, fue alentado por las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional. Esta agenda de reforma “conducida externamente”, conocida como el Consenso de Washington, estuvo, al mismo tiempo, fuertemente influída por el concepto neoliberal de un Estado minimalista. Aspiraba a compensar el desequilibrio fiscal causado por un Estado de excesivo bienestar, asociado con una etapa anterior de industrialización por sustitución de importación, en la cual altas tasas de protección arancelaria habían reducido seriamente la competitividad global de esos países. Los componentes principales de esta receta, incluían la reducción del empleo público en el gobierno central y la privatización de las empresas públicas, permitiendo así la reducción del déficit fiscal y el pago de las apremiantes obligaciones del servicio de la deuda pública.
A diferencia de muchos países de la region, Paraguay nunca había experimentado tal período de industrialización de sustitución de importación con altos niveles de proteccionismo comercial, y raramente había sufrido de inestabilidad macroeconómica. Por el contrario, y por más de un siglo, el Paraguay se convertía en una de las economías más abiertas de la región. En todo ese período, el Estado había funcionado con una debilidad extrema y los índices de cobertura de los servicios públicos básicos en el país se mantenían bastante por debajo del promedio latinoamericano. En el momento de iniciarse el período de transición a la democracia, en 1989, no existía un Estado super desarrollado, como tampoco el Paraguay enfrentaba una crisis de un Estado de bienestar. El desafío clave de la reforma del Estado era la modernización de la administración pública con el fin de expandir la cobertura de los servicios públicos básicos a una ciudadanía que por décadas se encontraba excluída de estos beneficios sociales.
1 Publicado en el libro Estado, Economia y Sociedad (2005). Editado por el Centro de Analisis y Difusión de la Economia Praguaya (CADEP) con el auspicio de International Development Research Center (IDRC) de Canadá.
2 Profesor del Departamente de Desarrollo Internacional de la Escuela de Politicas Públicas de la Universidad de Birmingham, Inglaterra, estudioso de la economia Paraguaya y Latinoamericana. No obstante, después de la caída del régimen de Stroessner en 1989, los organismos financieros internacionales presionaron para llevar a cabo reformas en el marco del Consenso de Washington, a pesar de la limitada relevancia de esta receta para el caso del Paraguay. Dentro de este paquete de reformas neoliberales, un estudio relevante realizado por el Banco Mundial sobre reforma del Estado otorgaba prioridad a la reducción del personal público, mediante una combinación de recortes del funcionariado de la administración central de gobierno y la privatización de empresas del Estado (Banco Mundial, 1996). El esquema de ‘recorte’ recomendado se basaba, sin embargo, en un diagnóstico equivocado sobre los principales problemas subyacentes del Estado paraguayo. El pobre desempeño de este Estado en relación al suministro de servicos básicos a la población ha tenido que ver más con un ambiente institucional muy singular en el cual el mismo Estado ha operado por décadas, que con cualquier supuesta superpoblación pública.
El aspecto más llamativo del Estado paraguayo es que el tamaño del mismo es pequeño. Así, la proporción de los gastos de la administración central de gobierno en relación al PIB ha sido mucho menor en el caso paraguayo, en comparación a la mayoría de los países latinoamericanos, durante el siglo XX. La pequeñez del Estado paraguayo es el reflejo de una economía caracterizada por una estructura industrial muy débil, por la dependencia de la producción primaria y por niveles muy bajos de protección doméstica.
Dada la limitación de fuentes alternativas de acumulación de la riqueza que presentaba una economía con un bajo nivel de industrialización, ocupar altos cargos políticos se convirtió en una gran fuente de enriquecimiento personal. Esta lucha por el control de los recursos del Estado intensificó el predominio de la informalidad, el nepotismo, el clientelismo, la politización y la corrupción absoluta dentro del sistema de la administración pública paraguaya, características del ‘Estado predador’ que se fortalecieron durante la dictadura del Presidente Stroessner. En ese período, la administración pública se volvió una palanca importante de apoyo al gobernante Partido Colorado mediante la introducción de la afiliación partidaria compulsiva; y la afiliación al partido se hizo obligatoria para el acceso al empleo público. En niveles superiores de la administración pública, se recompensaba a los funcionarios por su lealtad política con privilegios y padrinazgos que les permitían participar en lucrativas actividades de extracción de rentas del Estado (rent-seeking). En niveles más bajos, la administración pública brindaba prebendas a trabajadores fantasmas conocidos como ‘planilleros’, activistas del Partido Colorado.
La combinación de una economía abierta, un Estado extremadamente débil y la existencia de dos grandes países limítrofes – Argentina y Brasil – que experimentaban una estrategia de industrialización por sustitución de importación, permitieron, desde los años cincuenta, el surgimiento de prácticas de corrupción relacionadas con el comercio exterior. Stroessner toleraba estas prácticas bajo lo que se daba en denominar ‘el precio de la paz’, un mecanismo de control para obtener lealtad al régimen de parte de empleados públicos y de las elites civiles y militares, permitiendo a los mismos aumentar sus exiguos salarios sin afectar el presupuesto estatal. El crecimiento de las empresas públicas, durante los últimos años del período de Stroessner, estuvo acompañado de altos niveles de corrupción. Asimismo, las actividades relacionadas con el comercio de contrabando, originalmente concentradas en bebidas alcohólicas, cigarrillos y bienes electrónicos, se diversificaron en los años noventa, para incluir vehículos robados, armamentos, así como tráfico de drogas y lavado de dinero. La participación activa de funcionarios públicos ha sido crucial para el funcionamiento de todas estas actividades ilícitas. Para finales de los noventa el sector público se caracterizaba por un nivel extremadamente alto de corrupción institucionalizada, y en el año 2003 Paraguay ocupaba el lugar 129, entre 133 países, en el Índice de Percepción de Corrupción, de Transparencia Internacional.
La combinación de estos aspectos estructurales, mas el tamaño pequeño del Estado, la politización y la corrupción generalizada –dió lugar a una cultura organizacional de extrema informalidad y falta de institucionalidad que alejó a la administración pública paraguaya de los parámetros latinoamericanos en el manejo de la cosa pública. Existe una mínima comunicación o coordinación interministerial, operando cada ministerio como un feudo separado, a veces en abierta competencia entre ellos. La informalidad imperante se manifiesta, asimismo, en la ausencia de sistemas de archivos, registro de reuniones y mecanismos mínimos de control de gastos, así como en la ausencia virtual de análisis de políticas y planificación a mediano plazo, y de monitoreo en la implementación de políticas.
No existe un sistema transparente de reclutamiento, y la promoción está basada preferentemente en lealtades políticas y personales. En consecuencia, se produce una rotación muy frecuente de personal de nivel alto y medio que ocupan cargos de confianza, y no existe coherencia en los niveles salariales de acuerdo a la posición ocupada. La capacitación en el trabajo es mínima y se carece de evaluaciones de desempeño del personal.
Un aspecto llamativo del proceso de reforma del Estado en el período que siguió a la caída de Stroessner en 1989 fue la limitada atención otorgada a este legado de ineficiencia mayor en el sector público y de una falta de efectividad y de equidad en el suministro de servicios públicos básicos, como también a la correspondiente necesidad de abordar las causas fundamentales de estos problemas. La ausencia de tal debate simplemente refleja o mide la fuerza de poderosos intereses dentro y fuera del Estado, representados en una alianza corrupta de políticos, ejecutivos ministeriales de alto rango y contratistas privilegiados del sector privado, funcionarios públicos relativamente privilegiados representados por centrales sindicales cada vez más poderosas y gestores para la extracción de rentas del Estado (rent-seeking).
En vista de la ausencia de una coalición nacional a favor del cambio en la estructura del Estado, la agenda de las reformas fue manejada desde afuera, por parte de los organismos financieros internacionales y de acuerdo a sus prioridades neoliberales. En concordancia con el predominio de las líneas fundamentales del Consenso de Washington, la presión por la reforma del Estado se incorporaba a la agenda regional de los organismos multilaterales con la mira puesta hacia la mejora de la administración fiscal. En base a esta preocupación dominante, la prioridad de este tipo de programa de reforma del Estado conducido desde las instituciones multilaterales, se centraba en la privatización de empresas públicas y en esfuerzos por alentar la participación del sector privado en la provisión de servicios básicos. En contraste, se daba muy poca prioridad a un área donde la reforma era urgente, la reforma del servicio civil para el suministro de servicios sociales básicos.
Durante las administraciones gubernamentales de Wasmosy (1993-1998) y González Macchi (1999-2003) se estructuraron agresivas iniciativas de privatización que mostraron un completo descuido a la percepción ciudadana predominante sobre el tema. El Banco Mundial se convirtió en el órgano líder de estas iniciativas, las cuales fracasaron de manera rotunda en la consecución de sus objetivos.
Los intentos de reforma en los primeros años del gobierno de Duarte Frutos La nueva administración de gobierno tenía ante sí el desafío de hacer frente a un pronunciado desequilibrio fiscal heredado de la administración anterior. En los dos primeros años de administración de Duarte Frutos y bajo el liderazgo del Ministro de Hacienda Dionisio Borda, se llevaron a cabo cuatro importantes reformas dentro del Ministerio de Hacienda que apuntaron a mejorar el equilibrio fiscal, mediante el combate a la corrupción interna: i) mejoras en la administración tributaria; ii) fortalecimiento del departamento legal responsable de la recolección de impuestos en mora; iii) creación de un organismo autónomo de aduanas; y, iv) mejora en el proceso de adquisiciones o contrataciones públicas.
El mejoramiento en la administración tributaria se ha concentrado específicamente en frenar la incontrolada corrupción dentro del Ministerio de Hacienda. El nuevo Ministro de Hacienda, Dionisio Borda, inició una gran campaña para ir cortando de raíz la acentuada práctica de confabulación entre inspectores tributarios corruptos y los contribuyentes, a través de una rotación constante de aquellos funcionarios sospechosos de corrupción. Al mismo tiempo, decidió abolir una unidad especial de investigación impositiva, compuesta de 130 funcionarios, en la dirección de grandes contribuyentes. Debido a la imposibilidad legal de despedir personal público, aquellos inspectores corruptos fueron ‘congelados’, es decir, fueron transferidos a puestos irrelevantes donde las oportunidades de “coimas” y otras formas de extraer rentas del Estado son mínimas. Como consecuencia de todo ello, en pocos meses, la recaudación de impuestos de la categoría de grandes contribuyentes, aumentaba substancialmente.
El departamento legal del Ministerio de Hacienda, la Abogacía del Tesoro, 17 abogados fiscales y 46 funcionarios auxiliares, es la institución pública responsable del monitoreo de la recaudación tributaria y de la adopción de acciones legales en contra de empresas con sospecha de evasión de impuestos o con mora en los pagos de impuestos. El trabajo de la Abogacía del Tesoro se concentra en las 360 empresas consideradas mayores que representan alrededor del 80% de la recaudación tributaria anual., de un universo de 3.000 empresas registradas. Una práctica común de los abogados empleados por esta dependencia legal ha sido el “arreglo” con empresas, condonando la evasión tributaria a cambio de sobornos.
El proceso de reforma se iniciaba a mediados del 2003 con una distribución más equitativa de los trabajos legales, los cuales previamente habían sido otorgados sólo a un grupo de abogados favorecidos. Esto tuvo un impacto importante en la moral de los funcionarios, puesto que los abogados contratados por la Abogacía del Tesoro reciben un incentivo salarial por cada demanda entablada, consistente en un honorario equivalente al 10% de la deuda tributaria reclamada. Así, el monto de recaudación de deudas tributarias en mora se elevaba de Gs. 1.642 millones en el 2002/2003 a Gs.13.143 millones en el 2003/2004.
Por décadas, la dirección de aduanas ha sido considerada como una de las dependencias más corruptas del sector público. Ha servido de gran conducto para el drenaje de recaudaciones impositivas hacia las facciones más poderosas dentro del Partido Colorado. Las principales fuentes de ganancias ilícitas derivaban de la subfacturación bruta de importaciones legales, reduciendo así los niveles de pagos tributarios de los importadores, y de la entrada ilícita al país de rubros prohibidos como CDs falsificados (“piratas”) y otros similares.
A inicios del 2005 se establecía una autoridad autónoma de aduanas, la Dirección Nacional de Aduanas (DNA), de acuerdo a la sanción de un nuevo código aduanero (ley 2.422/04). Al otorgar autonomía administrativa a un nuevo liderazgo de esta repartición, designado de fuera de las filas oficialistas, y un desconocido – hasta entonces - sistema de reclutamiento de personal en base a méritos, la nueva legislación buscaba poner fin a la politización y la falta de profesionalismo dentro de aduanas. La reforma está diseñada a crear considerables beneficios fiscales, en términos de mayores recaudaciones, así como costos de transacción menores para los importadores. Una de las prioridades más importantes del nuevo liderazgo aduanero ha sido trabajar fuertemente para hacer que el Paraguay deje de ser considerado el núcleo regional del contrabando, lo que ha derivado en permanentes tensiones y fricciones con sus socios del Mercosur.
Otra de las prácticas generalizadas y endémicas de corrupción en la administración pública del Paraguay ha sido la sobrefacturación de contratos con proveedores del Estado. Este tipo de práctica se había convertido en el ‘cimiento’ de los negociados entre una parte del sector privado y personeros de la fuerza política dominante que han utilizado sus posiciones en el gobierno para beneficios personales, involucrandonse en todo tipo e actividades ilícitas. Los “arreglos” de esta naturaleza han sido facilitados por una completa falta de transparencia en los procesos de licitación pública y la ausencia de un organismo del Estado encargado del control y monitoreo de las adquisiciones públicas por parte de ministerios y empresas del Estado. Como resultado de todo ello, los nombres en la lista de las compañías adjudicadas con grandes contratos del Estado han variado muy poco en los últimos treinta años.
La reforma comenzó a mediados del 2003 con el establecimiento de la Dirección General de Contrataciones Públicas (DGCP), dentro del Ministerio de Hacienda, luego de la promulgación de la ley 2.051/03. Este nuevo órgano público de supervisión aspira a asegurar un sistema de licitación transparente para las compras gubernamentales. Así, por primera vez, se comenzó a transparentar todo el proceso de adquisiciones públicas mediante la publicación, en el sitio web de la DGCP, de toda la información concerniente a contrataciones de las 301 instituciones públicas, desde el momento de llamado a licitación o concurso, hasta la adjudicación correspondiente a los proveedores ganadores. La DGCP ha estimado que con las medidas adoptadas, el ahorro a obtenerse en los procesos de compras públicas totales sería de 30% o de US$800 millones, principalmente a partir de ahorros demostrados del 40% para suministro de medicamentos al Ministerio de Salud y 30% para el suministro de materiales de oficina para el gobierno central.
El nuevo gobierno también se propuso poner en marcha una profunda reforma tributaria a cambio del apoyo de un plan emergencia financiera por parte del FMI. A pesar de la hostilidad del PLRA, el Congreso controlado por la oposición finalmente aprobó la nueva ley tributaria, denominada Ley de Adecuación Fiscal, en junio del 2004 gracias al apoyo del Partido Patria Querida. Esta ley introdujo el impuesto a la renta personal para personas de altos ingresos, por primera vez en el Paraguay, así como el impuesto a la renta agropecuaria para todos quienes posean por encima de 300 hectáreas rurales. Ante la resistencia ofrecida por poderosos productores de soja, el Poder Ejecutivo se vio obligado a retirar la propuesta de la introducción del IVA para rubros agrícolas dentro de la ley. A pesar de estos contratiempos, el Ministerio de Hacienda ha calculado que con las medidas incluídas en la nueva ley tributaria, la presión tributaria en el Paraguay se incrementará en un monto equivalente al 1,5% del PIB.
La reforma olvidada
El programa electoral de Duarte Frutos ha singularizado la modernización de la administración pública como el primero de sus catorce cometidos. Pero la renuencia, en la práctica, de su administración para incorporar la reforma del personal público dentro de su agenda política, es un claro testimonio del contínuo poder de los grupos de interés asociados con la supervivencia del Estado predador. Estos intereses creados se han vuelto cada vez más fuertes y poderosos durante las últimas décadas, incluyendo el período de transición a la democracia. La ínfima minoría que gobernó al Paraguay como un ‘feudo personal’ durante el período de Stroessner ha seguido floreciente en el período de la democracia electoral, y continuó utilizando los recursos del Estado para el enriquecimiento personal, a menudo mediante actividades ilícitas. A pesar del éxito evidente obtenido a partir de las medidas adoptadas por el Ministerio de Hacienda para reducir la corrupción y aumentar la recaudación de impuestos, aún existe poca evidencia de cualquier cambio significativo en el desempeño del resto del sistema de la administración pública.
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