Argentina y Brasil frente a la crisis mundial

Unas de las consecuencias más importantes de la crisis financiera mundial iniciada en 2008 ha sido el aumento del proteccionismo comercial. Brasil y Argentina han respondido en forma diferente a este fenómeno.

En el caso brasileño, las medidas proteccionistas se han limitado a la suba de aranceles de productos importados del resto del Mundo. Al mismo tiempo, el gobierno brasilero alentó la competitividad industrial a través de la reducción de la tasas de interés, disminución selectiva de ciertos impuestos, depreciación de la moneda e incentivos a las exportaciones industriales. Todas estas decisiones del gobierno de Brasil se enmarcan dentro de un crecimiento económico moderado y dentro de un equilibrio macroeconómico adecuado.

Por otro lado, desde el año 2003, el crecimiento de la economía argentina ha sido mucho más pronunciado que el brasileño, aunque presenta síntomas peligrosos.

El crecimiento promedio del PIB del 8 al 9% en los últimos ocho años no ha sido acompañado por una mejora de la productividad y por ende, de la competitividad industrial argentina. Este crecimiento económico significativo, sí ha sido acompañado de un desfinanciamiento creciente de las cuentas externas, con la salida creciente de capitales del país. A esto se suma, un déficit energético que ha convertido a la Argentina en un importador neto de combustibles, con sus consecuencias sobre la balanza comercial. Además, el gobierno argentino ha aumentado sustancialmente los subsidios a los precios de los servicios públicos.

Todos estos acontecimientos han  tenido su impacto en las cuentas fiscales argentinas que hoy se ven resentidas ante los compromisos de pago de la deuda pública en los próximos años.

Por lo tanto, las medidas adoptadas por el gobierno argentino en los últimos años hay que entenderlas dentro de este problema de desfinanciamiento de las cuentas públicas. Algunas de ellas son: la nacionalización de los fondos jubilatorios, la flexibilización en el uso de las reservas del Banco Central, la reducción y eliminación de ciertos subsidios estatales y la reciente nacionalización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

Dentro de este contexto, es donde hay que ubicar y entender las últimas disposiciones del gobierno argentino de restringir fuertemente las importaciones.

Si algún sello de calidad ha obtenido el Mercosur a nivel internacional en la última década no ha sido precisamente por la rapidez y capacidad institucional de profundizar el proceso de integración. Ha sido por el dinamismo comercial demostrado entre sus miembros y por el logro de un  adecuado y sostenido equilibrio macroeconómico que han permitido elevados niveles de inversiones para mantener un crecimiento continuo de sus economías.

Esta editorial concluye que, ciertamente la agenda de encuentros entre los gobiernos de Argentina y Brasil estará incluyendo en forma creciente la situación económica argentina, como problema más relevante que las restricciones comerciales. Pero si estas últimas siguen progresando significativamente y no se detiene el deterioro de las cuentas públicas argentinas, los principales activos del Mercosur también irán desapareciendo.

Este editorial fue elaborado en el marco del sexto lanzamiento del Observatorio de Economía Internacional (OBEI) del CADEP, con el apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá.

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